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Ecoartivismo (unidad didáctica) Imprimir E-mail

Prácticas artísticas implicadas con la preservación de la biosfera.

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En un texto emblemático de 1995 titulado ¿pero esto es arte?, Nina Felshin definía algunas bases fundamentales del arte activista que se inició en los 60 y 70, y que se prolongó hasta los 90. Estas prácticas desafiaron, entre otras, las fronteras que definían la cultura y por extensión las prácticas del arte, dando voz y visibilidad al público a través de su participación del acto creativo y redefiniendo el papel del artista. El Ecoartivismo es, sin lugar a dudas, deudor de estos cimientos, presentando como principal aportación y eje direccional una implicación activa con la biosfera.

Unidad didáctica desarrollada por Transnational Temps, ecoartivistas.

 

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Introducción

¿Qué entendemos por ecoartivismo?

 El neologismo, suma del prefijo eco- (del vocablo ecología) y del término artivismo (arte+activismo) , engloba todas aquellas prácticas artísticas que manifiestan un compromiso con la preservación de la biosfera y reivindican una actitud respetuosa con ella. Podríamos enumerar una serie de aspectos comunes a estas prácticas -algunos heredados de movimientos precedentes-, como por ejemplo, su marcado carácter procesual (la meta es el camino), la utilización de espacios públicos, el uso de la tecnología como elemento de apoyo hacia la sostenibilidad, el uso de estrategias y de medios colaborativos para implicar a participantes y proyectar “la voz de la comunidad”, o el marcado enfoque positivo de la situación: vamos a centrarnos en LO QUE SÍ QUE PODEMOS HACER.

Arte medioambiental, Land Art, Earth Works, Arte Povera, Eco-chic, Greenwashing

Environmental Art o Arte medioambiental es tal vez, el término más abierto de todos los que se barajan desde hace años para determinar las prácticas artísticas que tratan de una u otra forma sobre el medio ambiente. El hecho de que muchos de estos términos hayan sido utilizados indistintamente, -como ha ocurrido por ejemplo con Land Art y Earth Works-, o que sus diferencias hayan sido difuminadas-como en el caso de Arte Ecológico y Arte medioambiental-, no es más que un tropo que pasa desapercibido ante las masas, pero que puede a menudo esconder intereses políticos y económicos. En un principio, el Arte medioambiental comprendería el conjunto de prácticas artísticas que toman el medio natural como elemento fundamental y que de alguna manera, mejoran nuestra relación con él. "In general sense, it is art that helps improve our relationship with the natural world" .

Gran parte del Arte clasificado como Medioambiental es Arte Efímero, tiende a desaparecer o ser transformado por el medio en el que se integra. Como dice Sam Bower,director ejecutivo de greenmuseum.org, en su texto A Profusion of Terms, es difícil encontrar definiciones para el conjunto de los términos y conservar la coherencia entre los mismos. El Greenmuseum ha optado por convertir el término Arte Medioambiental en un paragüas bajo el que cobijar al resto. El término eco-art, es una contracción de Ecological Art y contempla las prácticas artísticas que promovidas por inquietudes medioambientales usan métodos respetuosos con la preservación de la naturaleza, es decir tanto los objetivos como el procedimiento son “eco-friendly” o aliados de la naturaleza.

En el texto Change is possible, Sabine Himmelsbach , anota como en Alemania –país pionero en cuanto a las medidas tomadas para el reciclaje y la protección medioambiental-, algunas inciativas de orden ecologista han derivado hacia manifestaciones “eco-fashion”. El Green-Glamour o Eco-chic es un nuevo estilo de vida que demarca un estrato social económicamente pudiente, “la etiqueta orgánic ha devenido un factor económico”. Podríamos decir que el equivalente en Francia de la etiqueta alemana Organic es la de red de productos Bio. Escuchando las grabaciones que realizó el colectivo artístico Transnational Temps en 2005 para el proyecto Terranode, comprobamos como un par de niñas de entre 10 y 12 años relacionan de manera directa el consumo de productos Bio con la actitud ecologista, y se lamentan de no tener los medios económicos necesarios para poder ser más ecologistas “lo natural es demasiado caro (…) sin los medios económicos, no tenemos más remedio que contaminar. Es cierto que algunos de los productos que pertenecen a la red Bio, ya sea en Francia u otros países como España, siguen una serie de métodos de producción respetuosos con la naturaleza, pero este aspecto no es una condición determinante para obtener la etiqueta. Un producto Bio, así como un Organic en Alemania, asegura al consumidor que la materia con la que ha sido realizado dicho artículo está libre de pesticidas o cualquier sustancia tóxica, pero no se compromete con ideales ecologistas.

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Tampoco conseguirían el label eco o la denominación de “ecológica” algunas de las obras de arte clasificadas como Land Art. Robert Smithson, autor de la obra artística más utilizada para representar el Land Art –icono del movimiento mismo, podríamos decir-, a saber, Spiral Jetty, ha sido criticado en numerosas ocasiones; a veces porque su objetivo original era puramente estético (no crítico) y otras, porque no tenía en cuenta el equilibrio del ecosistema donde realizaba la intervención. Si bien es cierto que el valor fundamental de sus propuestas es el de haber sacado el arte, no sólo fuera de los museos o galerías, sino también fuera del área urbana y de los lugares de tránsito, llevándonos a contemplar una nueva dialéctica entre la naturaleza y la práctica artística. Es incuestionable que las acciones de Robert Smithson sembraron el terreno para posteriores artistas que trabajaron con el medio ambiente incluyendo aspectos conceptuales y de acción política, así como que de haber continuado su carrera artística –murió en 1973, con 35 años de edad- posiblemente su discurso hubiese tenido la oportunidad de evolucionar. Su obra evoca cuestiones interesantes como el valor y significado de los materiales, la permanencia del arte o la función del mismo.

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El Land Art es un movimiento artístico fundamentalmente americano dice T. Raquejo, y añade que ni si quiera podríamos denominarlo movimiento, sino más bien “una actividad artística circunstancial, que no tiene ni programas ni manifiestos estéticos” (RAQUEJO, 1998: 7). Hace unos días aparecieron unas declaraciones de Borja-Villel en las que hacía hincapié en que los norteamericanos ganaron la Segundo Guerra Mundial y eso significa que “la ganaron en todos los niveles”, prueba de ello es que la historia del Arte que hemos aprendido tiene una dependencia anglosajona contundente. Es cierto que la mayor parte de los artistas mencionados cuando se habla de Land Art -en general-, son norteamericanos y de sexo masculino (Smithson, Walter de María, Richard Long, Michael Heizer, Dennis Oppenheim…), aparecen citadas algunas artistas, como Ana Mendieta, pero hace falta profundizar algo más para encontrarse con artistas como Nancy Holt, Agnes Denes o Betty Beaumont entre otras. Si además buscamos mujeres artistas fuera del ámbito anglosajón, entonces la tarea se hace ardua...

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El Land Art se asoció con la idea de arte rupturista debido fundamentalmente a la estética contestataria y la confrontación política que ocasionalmente protagonizaba, y se fundó como reacción al mercantilismo de la vanguardia del Arte Pop. El término EarthWorks o Earth Art, se utiliza como forma extensiva del término Land Art. El origen se encuentra en una exposición que se realizó a finales de 1968 en la galería Dwan en Nueva York. El título de la exposición, Earthworks, procedía de una novela que relataba una distopía basada en una catástrofe natural. El curator fué Willoughby Sharp y en ella participaron Walter De Maria, Jan Dibbets, Hans Haacke, Michael Heizer, Neil Jenney, Richard Long, David Medalla, Robert Morris, Dennis Oppenheim, Robert Smithson, y Gunther Uecker. La exposición fue capital para el Land Art y la mayor parte de los participantes se convirtieron en artistas reconocidos.

En 1999 se acuñó el término Ecovention (ecology+invention) para denominar las iniciativas artísticas que, haciendo uso de estrategias inventivas, pretendían provocar transformaciones ecológicas de carácter local. Ecovention se formuló como una exposición comisariada por Amy Lipton y Sue Spaid, y recogía propuestas artísticas que se llevaban a cabo en emplazamientos determinados fuera del circuito artístico y que han quedado documentadas en un catálogo que lleva el mismo título. Los ciudadanos acogían las intervenciones artísticas de Ecovention en “sus tierras” y se convertían en los responsables del mantenimiento de los trabajos que, además, aportaban una mejora ecológica al lugar. La exposición, sacó inevitablemente a flotación, la cuestión de qué diferencia la obra artística de otras acciones iniciadas por activistas ecologistas o similares. Amy Lipton describe de esta forma las razones que la llevaron a plantearse el comisiariado de una exposición de este tipo: “In the late 1990s, after more than a decade of working within the contemporary art world as gallerist, curator, and publicist, I began to have questions regarding my sphere of work. I wondered about the relevance of the art I was seeing, and was faced with a serious dilemma: the planet was deteriorating rapidly, while the prevailing art in galleries and museums was mostly autobiographical and self-referential. (…) I wanted to see works that were focusing on our relationship with the larger, living eco-system, recognizing that our very existence depends upon its survival.” (LIPTON, 2002)

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Los artistas implicados en Ecovention se embarcaron en procesos colaborativos con la naturaleza en busca de un arte relevante socialmente comprometido, mostrando las relaciones de dependencia entre lo biológico, lo cultural, lo político y lo histórico de los ecosistemas.

Al principio de esta sección mencionábamos cómo el uso impreciso de los términos englobados bajo Arte Medioambiental podía camuflar intereses económicos y políticos. La eminente necesidad de aplicar una política medioambiental ha provocado que muchas empresas se preocupen por la “imagen” que proyectan desde un análisis de sostenibilidad. Con la preocupación ha emergido la principal estrategia de corrección: el camuflage que conocemos como Greenwashing. Muchas empresas que desean “lavarse la cara” mostrando una implicación medioambiental, invierten en campañas publicitarias que aparentan una actitud sostenible. Debajo de esta apariencia, a menudo no hay una verdadera preocupación o deseo de comprometerse parcial o globalmente.

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Artistas que podríamos clasificar como ecoartivistas:

El conjunto de obras que podríamos citar como ecoartivistas es extensa, a menudo artistas activistas producen una o dos obras que están enfocadas desde una postura ecológica, aunque no podamos afirmar que esta postura sea una constante en su carrera artística. Vamos a revisar algunos artistas que consideramos representativos, pero es necesario aclarar que muchos ejemplos importantes se quedan fuera de esta selección. La intención es hacer un recorrido dentro de un gran abanico amplio de posibilidades.

Hans Haacke fue uno de los primeros artistas contemporáneos junto con Joseph Beuys, Newton and Helen Mayer Harrison y Alan Sonfist, en abordar cuestiones ecológicas a través del arte. Su obra Gras grows (Crece la hierba) fue mostrada en una galería de Manhattan en 1966. Con esta obra acentuaba los procesos físicos y biológicos del cambio, de renovación y decadencia. Haacke plantó e hizo crecer césped en la galería.

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Joseph Beuys fue un artista pionero en la dialéctica naturaleza/ cultura. Como Ana Mendieta, Smithson y Hackee, trabajó en los 70 mostrando su preocupación por la regeneración de la tierra. Beuys trabajó de forma más concreta la idea de revolución social, un tipo de revolución que, según sus planteamientos, se desarrollaba en gran parte gracias al poder transformativo del arte.

"I believe that planting these oaks is necessary not only in biospheric terms, that is to say, in the context of matter and ecology, but in that it will raise ecological consciousness -- raise it increasingly in the course of the years to come, because we shall never stop planting." Joseph Beuys, 1982

 

 

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Marcaba con columnas de basalto las zonas que habían sido intervenidas artísticamente. En 7000 oaks, proyecto para la Documenta 7 de Kassel (1982) realizó una de las que llamaría “esculturas sociales”. Fue uno de los proyectos de mayor embergadura realizados por Beuys, por el cambio que suponía en el espacio social y por la duración no sólo de la acción, sino también de las consecuencias derivadas. Los ciudadanos eran los que decidían los lugares en los que se plantaban los árboles y durante el desarrollo de la pieza, emergieron cuestiones esenciales tales como el impacto que estas intervenciones tienen en la ciudad o el significado que supondría para las generaciones futuras.

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Los italianos Eva y Franco Mattes desarrollan desde el 2006 algunos “remakes” de performances (Synthetic Performances) o como ellos las denominaron: performances sintéticas, que rememoraban acciones emblemáticas en la historia del arte. Una de ellas se refiere a la obra de Beuys 7000 oaks. Los 0100101110101101.org participaron en la exposición Ecomedia, comisariada por Sabine Himmelsbach, Karin Ohlenschläger e Yvonne Volkart. Ecomedia, que reunió 18 obras de vídeo, fotografía, esculturas robóticas, instalaciones interactivas y proyectos de net.art de ámbito nacional e internacional, mostraba la implicación del colectivo artístico a través de propuestas alternativas que ayudan a afrontar la situación actual. Abordar la función que el arte puede tener en la construcción de un futuro más sostenible es una tarea fundamental.

El colectivo Free Soil realizó por primera vez en el 2005 el proyecto F.R.U.I.T., que trata sobre los desplazamientos a los que sometemos los alimentos que consumimos y el gasto energético que supone el movimiento de mercancías. El proyecto pretende que seamos más conscientes de la vida completa de un producto, desde la producción hasta la utilización. Los productos no crecen en las estanterías del supermercado. En su página web dan ideas para hacer pequeños huertos en las ciudades, también proponen “plantar slogans” (en su web) como por ejemplo “There is soil under the city!” (¡hay tierra debajo de la ciudad!).

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Natalie Jeremijenko es una artista americana que trabaja en la intersección natura/tecnología, con una formación que incluye estudios de bioquímica, física, neurociencia e ingeniería, ha desarrollado proyectos que intentan mejorar las relación entre la actividad del hombre y el medioambiente. Es una de las artistas con mayor proyección en el ámbito del Arte Medioambiental y tiene una gran capacidad para mediatizar sus proyectos. Sus propuestas son variadas, Clear skies Masks (2004) para ayudar a los deportistas a localizar las zonas con mayor polución, Environmental Health Clinic (2007) clínica móvil realizada con estudiantes de New York con la que ofrecen consulta a personas que puedan verse afectadas por la polución u otras consecuencias del estado medioambiental, o el Feral Robotic Dog Workshop (2004-actualidad), en el que enseña cómo dar un nuevo sentido al robot AIBO desarrollado por Sony, programándolo por ejemplo, para que el perro ayude a localizar zonas contaminadas. Housing Birds (2006), es un proyecto de desarrollo urbano pensado para los pájaros. Forma parte de un proyecto global llamado OOZ (zoo al revés), que consiste en la adecuación de una serie de emplazamientos a los que los animales acuden voluntariamente y donde se quedan por elección propia, resumiendo: no hay jaulas ni otros sistemas de opresión invisibles. En Housing Birds, Natalie Jeremijenko construyó un sistema para el agua, y aportó la vegetación apropiada, insectos y otras necesidades que pueden tener los pájaros. Los tejados se transforman en emplazamientos OOZ.

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Atraer a los pájaros era también uno de los objetivos de la obra The Bird Feeder Hat, de Erica Fielder. El tejado es en este caso, es la propia cabeza de la artista; la relación que establecemos con las aves va más allá de la mirada, más que ver, sentimos su presencia, sus movimientos, oimos como comen las semillas sobre nuestras cabezas…

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El artista londinense Banksy es el propietario de una tienda de mascotas situada en la 89 West 7th Avenue. Allí ha realizado un “exposición camuflada” en la que expone algunos animatronics, tales como nuggets (trozos de pollo frito) que se mueven dentro de una jaula, barritas de pescado nadando en una pecera o un maravilloso tigre que descansa en una rama tranquilamente, todos, sin lugar a dudas con truco e ironía.

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El colectivo La colmena (www.beehivedesigncollective.org), desarrolló en el 2000 una serie de obras gráficas creadas como herramientas para la cuarta conferencia de Biodevastación en Boston, una reunión común contra la Convención Anual de la industria BIO. Son conocidos fundamentalmente por sus campañas gráficas educativas, en sus paneles han hablado reiteradamente sobre empresas que atentan contra la sostenibilidad.

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Isabella Kirkland, artista e investigadora, utiliza la pintura como herramienta para enfatizar sobre la importancia de la biodiversidad. Realiza composiciones con animales en tamaño real, como si se tratase de bodegones. En ellas trabaja con especies en peligro de extinción (Descendant, 1999), o especies amenazadas por su valor mercantil (Trade, 2001), nuevas especies introducidas en los Estados Unidos (Nova)… La representación en este caso, se convierte en una denuncia directa sobre la repercusión que las acciones humanas tienen sobre la supervivencia de otras especies.

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Perejaume es un artista catalán representante de lo que podríamos llamar el Land Art en España. En el 2005 realizó la acción “Restauración de dos piedras en el Port del Compte”, que consistía en mandar a dos especialistas de restauración de piedra, restaurar una piedra en el puerto. Su acción suscita muchas preguntas sobre ¿qué significa restaurar? ¿qué ocurre cuando conservar supone intervenir? ¿cómo debemos actuar para “conservar la naturaleza”?

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En la obra The Queensbridge Wind Power Project, [El proyecto Queensbridge de energía eólica] (2005), Andrea Polli, en colaboración con científicos e ingenieros, propone situar eólicas sobre este emblemático puente de Nueva York. Con ello quiere plantear como arquitecturas antiguas pueden reciclarse y transformarse en símbolo de la producción de recursos energéticos más sostenibles.

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350.org es un proyecto dirigido por Bill McKibben en el que colabora un gran número de organizadores de diferentes países. El proyecto intenta concienciar a nivel global. Para ello, focaliza sobre una cifra que sintetiza soluciones a la situación global, volcando toda la energía en hacer difusión de esta cifra-emblema. 350 es el número más importante del planeta, y es que, según los datos científicos más recientes, es necesario reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera a 350 partes por millón, si no queremos causar un enorme e irreversible daño al planeta. En el sitio web www.350.org podéis ver un vídeo explicativo sobre cómo actuar.

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Amy M. Youngs crea instalaciones mixed-media, esculturas interactivas y trabajos mediáticos digitales que exploran las relaciones complejas entre la tecnología y el concepto cambiante de naturaleza y de lo que es ser uno mismo.

El potencial que tienen los individuos para desarrollar conexiones con otras especies o ecologías a través de la tecnología implica un potencial para un mayor interés por otras cosas vivas.”

Amy Youngs.

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Cricket calls (1998) es una instalación en la que unos grillos viven en un entorno acristalado, similar a los espacios en los que residen los humanos. El usuario interactúa con los grillos a través de un teléfono que transmite la voz dentro del entorno y que a su vez permite oir los sonidos de los grillos. La imagen de la persona que porta el teléfono aparece en un pequeño televisor situado dentro del espacio acristalado. La tecnología ha de servir para facilitar “la comunicación” entre los humanos y todos los animales que participan de la biosfera.

Transnational Temps creó en el 2004 el sitio web Iconsfactory (www.iconsfactory.com). Se trataba de recoger deshechos de la playa y convertirlos en iconos para las carpetas de escritorio del ordenador, de esta forma, desde el sitio web, los usuarios podían descargarse la playa paradísiaca como fondo de escritorio, y los iconos de carpetas “a juego”.

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Fundado en el 2001 por Andy Deck, Fred Adam y Verónica Perales, Transnational Temps ha trabajado desde su inicios sobre la desconexión entre la proliferación de representaciones de especies naturales y la degradación de la situación de estas especies en el mundo natural. En el 2007 crearon Simiomobile, una propuesta que visibiliza el lazo existente entre la producción de telefonía móvil y la muerte de los grandes gorilas de montañas en el Congo (www.simiomobile.com). Mediante un vídeo explicativo de la propuesta, incitan a las grandes empresas de telefonía a comprometerse verdaderamente con la preservación natural (más allá de sus ejercicios de greenwashing). Este proyecto, que plantea la tecnología como medio de acercamiento a lo natural, está relacionado con los ejercicios didácticos propuestos en la web de Transversalia.net

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Consulta las propuestas de actividades Safari Urbis en www.transversalia.net

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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