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Geopolíticas urbanas (ejercicio práctico) Imprimir E-mail

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La sociedad globalizada se construye desde parámetros de anulación del individuo, considerado tan sólo en su status de consumidor, y sus signos colonizan por igual los lugares, los hábitos y las mentes. El espacio público ha sufrido en las últimas décadas una importante transformación que va más allá de su configuración estética, visibilizándose en lo simbólico algunas claves de esa presión sobre la sociedad y su análisis mediante algunos trabajos de arte.

Material desarrollada por Jose Luis Pérez Pont, comisario y crítico de arte.

 

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Es una opinión muy extendida la que entiende que el arte es, tan solo, un vehículo para el placer estético y que la función de la escultura pública es la de ornamento, devaluando su misión a la de mera “decoración” de exteriores. Da la sensación de que un buen número de arquitectos y urbanistas echan mano del arte en el espacio público al modo en el que alguien coloca una figurita de porcelana para amenizar visualmente una estantería cargada de libros. Marc Augé, al desarrollar el concepto de “no lugar”[i], designó dos realidades complementarias pero distintas: los espacios construidos con relación a ciertos fines (transporte, comercio, ocio), y la relación que los individuos mantienen con esos espacios. Si las dos relaciones se superponen bastante ampliamente, en todo caso, oficialmente (los individuos viajan, compran, descansan), no se confunden por eso, pues los no lugares mediatizan todo un conjunto de relaciones consigo mismo y con los otros que no apuntan sino indirectamente a sus fines, creando una especie de contractualidad solitaria. Por su parte, las grandes ciudades del mundo desarrollado entraron, y ahí siguen, en una carrera sin fin por elaborar y difundir su imagen pública como reclamo publicitario, tratando de crear “marca” y poner en práctica la generación de un valor que se añade al potencial de negocio que la urbe es capaz de propiciar. En ese objetivo se han centrado importantes esfuerzos económicos desde los sectores público y privado. Para lograrlo se han valido de un renovado interés por el fomento y la realización de grandes y espectaculares obras públicas, capaces de atraer el interés de inversiones, prensa y turismo. Una fórmula que mundialmente se repite una y otra vez con la misma expectativa de rentabilidad, aunque no siempre con igual fortuna. La proliferación ha sido tal que, tratando de huir de la homogeneidad que conduce a la desidentidad de la urbe contemporánea, se persiguen proyectos que sirvan para dar forma a la imagen de una ciudad que se quiere reinventar a si misma, con la celeridad con la que los mensajes publicitarios pasan ante los ojos del telespectador, bajo la lógica del incesante consumo que pretende garantizarnos el acceso a una felicidad de la que supuestamente no podremos disfrutar por otra vía. Según Gilles Lipovetsky[ii], es innegable que una parte del universo hiperconsumidor es un espectáculo que parece una bacanal de lujo. El amontonamiento de artículos, los carros de compra repletos, las incitaciones sin fin, todo contribuye a crear una sensación de vértigo, una negación frenética de la escasez que recuerda al cuerno de la abundancia de Dionisio. Esa especie de ambiente de desenfreno festivo impregna los lugares y los tiempos del consumo sobreexcitado, haciendo que los cascos urbanos evoquen igualmente una especie de Edad de Oro exuberante y festiva, transformados ya en espacios de distracción, de actividad y de espectáculo. Seducción publicitaria, ciudad ludificada, fiebre de diversiones, cuerpos de aspecto sensualizado, manía de vacaciones y otros rasgos apuntan a un modelo de felicidad ultramaterializada que se caracteriza por la abundancia y los placeres, la despreocupación y la ausencia de trabajo.

Recurriendo a la definición de Frank Lechner, “la globalización es la difusión mundial de prácticas, la expansión de relaciones a través de los continentes, la organización de la vida social a una escala global y el crecimiento de una conciencia mundial compartida”. La globalización ha sido naturalmente de gran interés para los hombres de negocios, y sobre todo la eclosión de nuevos mercados globales y de las ideologías que los acompañan. En el seno de la ciudad global se desarrolla el concepto de “ciudad genérica”, apuntado por Rem Koolhaas[iii], en el que la idea que conocíamos de la calle ha muerto mientras que “el arte público está por todas partes: como si dos muertes hiciesen una vida”.

Esa es en parte la confusa realidad de nuestro tiempo, de algún modo se elabora una pomposa oda que monumentaliza el entorno a la vez que se generan estructuras, incluso mentales, que lo hacen inhabitable; proliferan espacios para el ocio y el consumo mientras los individuos cada vez disponen en menor cantidad de un tiempo permanentemente engullido por lo laboral o, a la inversa, disponen de un tiempo desposeído de recursos y conducente a la marginación; se impulsan políticas para crear urbes con una identidad pública reconocible mediante emblemas arquitectónicos, pero se relega a un lugar secundario la dignidad de buena parte de las infraestructuras y de los centros asistenciales, educativos, sanitarios o policiales de los que hacen uso cotidiano los residentes. La imagen de los fastos vence y convence. Satisface a propios y a ajenos, produciendo un efecto placebo que hace desvanecer momentáneamente las preocupaciones individuales para redirigir la atención colectiva hacia lo que podríamos considerar como una cortina de humo: la realidad se convierte en espectáculo.



[1] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Gedisa, Barcelona, 1993.

[1] Lipovetsky, Gilles. La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Anagrama, Barcelona, 2007.

[1] Koolhaas, Rem. La ciudad genérica. Gustavo Gili, Barcelona, 2006.


Nota del autor: sirva como posibles ejemplos de intervención temporal de arte en el espacio público los siguientes proyectos:
 
Art públic/Universitat pública (www.uv.es/cade),
 
Idensitat (www.idensitat.org)
 
Intracity (www.intracity.org)

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Si quieres saber más, descarga el texto del mismo autor Arte Publico, Rios de Tinta 

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 Ejercicio práctico: una deriva en el entorno.

 

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1.- Cámara de fotos

2.- Paseo por la ciudad sin rumbo predeterminado

3.- Localización de los iconos urbanos de lo global

4.- Identificación de las tipologías de arte en el espacio público próximo

5.- Interpretación

 

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